Experiencia de un alumno con TDAH en CAM

En un Centro de Atención Múltiple de un Estado del norte del país, se encuentra una maestra trabajando como todos los días y poniendo su mayor empeño, para que sus tres alumnos con síndrome de Down, dos con Autismo, uno con discapacidad múltiple, uno con sordo-ceguera y otro con Discapacidad intelectual severa, logren adquirir los aprendizajes que requieren, según su competencia curricular. Los llantos, berrinches y en sí el caos del aula, demuestran una vez más que “No hay mejor educador que el que cree en sus alumnos”, ya puede haber quienes arrojen la toalla y no den un paso más en la misión de la educación especial. Pero esta maestra estaba ahí, luchando, creyendo que algún día sus alumnos serían capaces de valerse por sí mismo gracias al trabajo arduo.

Mientras estaba en la puerta para impedir que uno de sus alumnos con síndrome de Down la abriera con el fin de correr por los espacios de la escuela, tres golpes en el exterior llaman. Ella la abre cuidando que nadie se salga del salón y para su sorpresa, se encuentra con la directora del CAM, que está acompañada por un niño y una señora que a primera impresión es la progenitora del pequeño. “Maestra, aquí le presento al niño X y la señora Y, madre del niño, vinieron a pedir un espacio en la escuela porque no lo aceptan en las primarias, ya que en las que estuvo golpeaba a sus compañeros, a la maestra, se salía del salón, rompía los cercos, quebraba vidrios, entre otras cosas. Aquí la mamá trae la carpeta de los trabajos y un informe de la USAER en el que explican que tiene TDAH”.

A pesar de que conocía todas las dificultades de los alumnos a los cuales ya atendía, pensó, “bueno, puede ser que poniéndole actividades distintas en el salón, él logre trabajar con autonomía y regule su conducta, para así yo enfocarme más a los otros”. Una vez recibido en el aula, la maestra lo presentó con sus compañeros y él rápidamente preguntó “¿Ellos están enfermos?, pero inteligentemente reaccionó con la respuesta, “No, ellos simplemente son tan diferentes y tan valiosos como tú. Todos somos únicos”.

En los primeros dos días el niño X se comportó de una manera maravillosa, atendía a las indicaciones de la maestra, no causaba desorden. Sin embargo, al tercer día comenzó a levantarse de su mesa-banco y a quitarles las cosas a los demás. Si la maestra le llamaba la atención, él simplemente la ignoraba. Las conductas fueron aumentando de intensidad durante los próximos días.

Al primer mes, el alumno se salía del aula e ignoraba totalmente a la maestra, hasta le contestaba con groserías. Debido a que se dio cuenta de las conductas de los demás, él imitaba esos comportamientos para burlarse, así como provocar caos en el salón. Mientras la maestra atendía a unos alumnos, él abría la puerta para que los niños se salieran, o si la maestra por algún motivo tenía que salir a la dirección o atender alguna solicitud fuera del aula, aprovechaba para hacer daño a sus compañeros, que no podían hacer otra cosa más que recibir los abusos de ese niño tirano. 

Siendo sensible a la situación, la maestra citaba constantemente a la mamá, pero ella no atendía a los llamados con frecuencia. Sin embargo, un día decidió ir. La maestra, junto con la directora, habló de la situación a la madre del niño y le preguntó “¿Ha estado ingiriendo el medicamento que le recetó el médico?, por lo que ella respondió “no le doy esa pastilla, maestra, es que un día le di y parecía zombie, estaba como ido y se dormía a cada rato. Me dio miedo y pues mi comadre me dijo que esas pastillas eran muy malas, que su vecina le daba las mismas pastillas a su hijo y pues que el niño seguía igual, pero si no le daba las pastillas, no se dormía”.

La maestra y directora hablaron sobre la importancia de que llevara un seguimiento con el medicamento y que ante cualquier alteración, fueran a cita médica para que lo revise el médico y haga los ajustes necesarios. Sin embargo, esa plática no sirvió de mucho, ya que las conductas prevalecían, tanto así, que llegó a tomar control de la escuela, ahora no sólo abusaba de sus compañeros, sino de otros niños.

La maestra tuvo que tomar por decisión que el niño sólo fuera a media jornada escolar, es decir, que se retirara en recreo. La madre iba por él, sin embargo tenía dificultades para llevarlo, ya que corría por toda la escuela y se resistía con violencia.

Hasta el momento la situación prevalece en ese Centro de Atención Múltiple debido a que es la única oferta educativa disponible para él. Pese a esas problemáticas, la maestra y los demás docentes, tratan de realizar su trabajo y proteger la integridad física de sus alumnos.

Publicado por Juan Carlos

Soy licenciado en educación especial y me gusta aprender constantemente y brindar mis servicios a la comunidad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *